No puedes tocarla pero
afecta tus sentimientos. No puedes verla pero está ahí, cuando te miras al
espejo. No puedes oírla pero está ahí, cuando hablas de ti mismo.
Qué es eso tan importante y misterioso? ¡Es tu
Autoestima!
Un aspecto muy importante
de la personalidad, del logro de la identidad y de la adaptación a la sociedad,
es la autoestima; es decir el grado en que los individuos tienen sentimientos
positivos o negativos acerca de sí mismos y de su propio valor. La valoración de si mismo es la fuente de la salud emocional.
La autoestima, es el
concepto que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los pensamientos,
sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre nosotros mismos hemos ido
recogiendo durante nuestra vida; creemos que somos listos o tontos, nos
gustamos o no. Los millares de impresiones, evaluaciones y experiencias así
reunidos se juntan en un sentimiento positivo hacia nosotros mismos o, por el
contrario, en un incómodo sentimiento de no ser lo que esperábamos.
La autoestima es el núcleo principal alrededor del cual orbita cada aspecto de nuestras vidas. El nivel de bienestar que somos capaces de experimentar, el éxito que podemos manifestar, cuan funcionales son nuestras relaciones, la creatividad que nos permitimos expresar, los logros que somos capaces de actualizar, y tantos otros aspectos de nuestra vida personal, están intrínsecamente ligados a nuestra autoestima.
Origen
Los seres humanos formamos nuestra visión
predominante del mundo alrededor de los cinco años de edad. Nuestra
autoestima se desarrolla a lo largo de nuestras vidas a medida que formamos esa
imagen de nosotros mismos que llevamos en nuestro interior, y lo hacemos a
través de nuestras experiencias con otras personas (padres, maestros, hermanos,
amigos) y las actividades que realizamos. La autoestima se aprende, fluctúa y la podemos
mejorar.
Lo que
piensas acerca de ti mismo es aprendido y almacenado en forma de teorías
llamadas autoesquemas. Hay autoesquemas positivos y negativos. Los primeros te
llevarán a estimarte, los segundos a odiarte. Estos autoesquemas se entrelazan
y la fusión de estos conforman el núcleo principal de la “autovaloración
personal”.
Pueden convertirse en sólidos
cimientos sobre los cuales edificaras un yo fuerte
y seguro, o en la
principal fuente de autoeliminación y automenosprecio. El
autoconcepto, la autoestima y la autoeficacia son lo soportes de un buen ego. Si
fallas en alguno, será suficiente para que tu autoesquema se muestre cojo e
inestable.
ü El
autoconcepto: que piensas de ti mismo
ü La
autoestima: que tanto te gustas
ü La
auteficacia: que tanta confianza tienes en ti mismo
"Señales de alerta de que nuestra autoestima está
fallando"
·
Autocrítica rigorista y desmesurada que le mantiene
en estado de insatisfacción consigo misma.
·
Hipersensibilidad a la crítica, se siente
atacada, herida; hecha la culpa de sus fracasos a los demás.
·
Indecisión crónica, no por falta de información,
sino por miedo exagerado a equivocarse.
· Deseo innecesario de complacer, por el que no se
atreve a decir NO.
·
Perfeccionismo, autoexigencia esclavizadora de hacer
"perfectamente" todo lo que intenta.
· Culpabilidad neurótica, por lo que se acusa y se
condena por conductas, exagera la magnitud de sus errores y los lamenta
indefinidamente, sin llegar nunca a perdonarse por ellos.
·
Hostilidad, irritabilidad a flor de piel, siempre a
punto de estallar aún por cosas de poca monta, todo le decepciona y nada lo
satisface.
·
Tendencias depresivas, un negativismo generalizado (todo
lo ve negro: su vida, su futuro).
“Está demostrado
que la visión que tenemos de nosotros mismos es un factor determinante de
nuestra salud mental e incluso física, pues una buena autoestima y
autovaloración personal es la base sobre la que se apoya todo nuestro desarrollo.”
Tomado del libro
Aprender a Quererse a si mismo. Walter Riso

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