La buena noticia es que el vivir una crisis nos da nuevas oportunidades de crecimiento, y salir fortalecido de ellas. Sin crisis no hay cuestionamientos y sin cuestionamientos no hay crecimiento posible.
Es imposible salir de una crisis sin realizar este proceso: incorporarla con un sentido positivo. El sentido positivo no excluye el duelo por la perdida ni las recaídas periódicas, si no que permite incorporar todos estos elementos que nos producen cambios con una nueva estructura más solida, sin caer en lo rígido.
La vida y las relaciones humanas tienen una lógica como el juego de ajedrez. Cada movimiento suyo modifica totalmente el entorno, y viceversa. Pero esta influencia mutua no se rige por las leyes del azar , no es mágica, aunque las consecuencias de cada movida "existencial" no puede predesirce con el mismo rigor que en ese juego.
Las crisis pueden ser aprovechadas para planificar un nuevo proyecto de vida y encontrar nuevos rumbos, para superarlas y capitalizarlas como experiencias de significado positivo.
Cada persona es diferente, única e irrepetible y por lo tanto deberá encontrar su propio camino.
Los problemas pueden enfrentarse de distintas maneras, cada uno acorde con su propio estilo personal, y que las herramientas adquiridas en situaciones anteriores son las que, tomadas de la experiencia, servirán para resolver futuros contratiempos.
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